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Celtas: Mitos y verdades

Escoceses, gallegos, irlandeses, franceses… todos se claman descendientes de los celtas. ¿cómo puede ser que pueblos tan variados se reclamen de una misma raíz cultural? En realidad, así de difícil es hablar de esta civilización.

¿Quiénes fueron los celtas?

Lo que hoy llamamos “pueblos celtas” fueron diferentes pueblos europeos cuya característica común era la lengua hablada (aunque no era una sola lengua, sino varias que compartían una misma raíz). Vivieron durante toda la Edad de Hierro (6000 a.C hasta 2000 a.C) y la Edad de Bronce (2000 a.C hasta 800 a.C).En algunos lugares sobrevivieron hasta el periodo Romano e incluso la Edad Media. Su presencia se pudo constatar desde Galicia hasta Turquía, pasando también por las islas británicas.

Para nuestra frustración (bueno, para la frustración de los historiadores al menos), no dejaron ningún documento escrito: su tradición se transmitía de forma oral, dejándonos sin testimonios propios de su cultura y de su historia.

Claro está que la palabra “Celta” no era aquella que usaban para auto-denominarse, sino que se trata del nombre atribuido por los griegos, quienes sí nos dejaron testimonios de estos pueblos. Según Hecateo y Heródoto, dos historiadores, los keltoi vivían en el noroeste de Europa, entre los Iberios y los Germanos (en definitiva, lo que hoy es Francia, Suiza, Austria y Alemania). Luego, como consecuencia de la expansión (seguramente por guerras) estas poblaciones se redistribuyeron por toda Europa. Más tarde, Julio Cesar escribió sus “Comentarios sobre la guerra de las Galias”, que contribuyeron a la creencia de que estos pueblos eran una unidad cultural. Está claro entonces que lo que estos historiadores reagrupaban bajo un solo vocablo (keltoi) eran en realidad varias comunidades guerreras, reunidas en diferentes clanes, donde el enfrentamiento entre ellos no era menor.

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Extensión y denominación de los pueblos celtas

Hoy en día, el conocimiento sobre estas culturas es cada vez más completo, pero todavía falta información y quedan dudas imposibles de responder. En todo caso, podemos decir que los pueblos celtas se organizaban en clanes bajo las órdenes de un jefe. En un primer momento, durante la Edad de Hierro, vivían mayoritariamente de manera pacífica, probablemente por el desarrollo de un comercio próspero entre los diferentes pueblos. Sus mercancías eran mayoritariamente objetos de mucho valor: metales, piedras preciosas y sal. Sin embargo, a partir de la Edad de Bronce, los vestigios empiezan a mostrar ciudades fortificadas, lo que muestra un punto de inflexión desde el que se generaron hostilidades entre los diferentes clanes. De esta manera, el jefe de las diferentes ciudades era llamado “jefe de guerra”.

Entre algunas características recurrentes encontramos:

  • Que los celtas producían una cantidad importantísima de cerveza e hidromiel. Su producción habría sido tan importante que los grandes jefes se hacían enterrar con jarrones llenos de estas bebidas.
  • Los personajes de alto rango vestían siempre un accesorio llamado torque; una especie de collar trenzado con una pequeña obertura a la altura de la garganta. Este accesorio se encuentra en casi todas las tumbas celtas halladas hasta hoy.

Torques.

  • Seguían una religión politeísta muy próxima a las de Grecia y Roma. Los Druidas constituían la casta dedicada a los temas religiosos. Eran asi los encargados de toda celebración de ritos (incluyendo sacrificios de animales y de humanos). Sabios y estudiosos, los Druidas eran también los grandes maestros de la sociedad celta. Su nombre en celta, dru-wid-es, significa “El gran Sabio”. Su religión impedía que los conocimientos se transmitieran por escrito, por lo que una de las grandes tareas de los Druidas era la de memorizar versos para luego transmitirlos a los futuros Druidas. Para darnos una idea de cuántos versos un Druida debía aprender, se cree que pasaban, en promedio, 20 años estudiàndolos. Gracias a su gran sabiduría, también actuaban como consejeros políticos.
  • Según Diodoro de Sicilia, los Celtas solían partir a la guerra totalmente desnudos, a veces cubiertos únicamente por un “calzón” (sic)

El surgimiento de la arqueología en el siglo XIX ayudó con aportes materiales importantísimos para comprender la cultura celta. Después de siglos en los cuales muchos mitos y leyendas habían circulado sobre estos pueblos, la arqueología tuvo la difícil tarea de tratar de erradicar toda la información falsa derivada de dichas historias. De esta manera, la arqueología hoy en día sigue estudiando los diferentes pueblos celtas de manera a conocerlos mejor. Hoy en día, se realizan estudios en distintas partes de Europa que diferencian diferentes “sub grupos” celtas: podemos citar los Celtiberos en Galicia, los Gálatas en Turquía, los Insulares en Gran Bretaña y, los más conocidos tal vez, los Galos en Francia.

Veamos ahora más en detalle este último grupo.

LOS GALOS

Los galos fueron aquellos celtas que vivían en el territorio denominado Galia por los Romanos, hoy día Francia. Gran parte de la información que tenemos sobre los Celtas en general nos viene  de los diarios de viaje y estudios Romanos, que llevan consigo opiniones que no siempre coinciden con la visión que los celtas tenían de sí mismos.

 División de la Galia según los romanos: Aquitania, Lionesa y Bélgica (Narbonesa era lo que se dice una Provincia romana, de ahí que hoy esa región se llame Provenza)

Es el grupo celta mejor estudiado hoy en día, por varias razones:

  • La cantidad de escritos dejados por los Romanos sobre ellos son muchísimos más que sobre cualquier otro pueblo celta.
  • La intensidad de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Francia en los últimos 20 años, impulsadas por las políticas de prevención y conservación: cada vez que se debe excavar un terreno, es obligatorio que los arqueólogos investiguen primero en busca de restos históricos en lo que se denomina “excavaciones preventivas”.
  • La importancia de la cultura gala en Francia, vista por mucha gente como su propia ascendencia.

Pueblo guerrero, los Galos dejaron su marca por su estrecha relación con Roma. Cerca del siglo IV a.C, los Galos son presentados como un pueblo al que hay que temer por su ferocidad. El saqueo a Roma en el 387 a.C dejaría una marca indeleble en la memoria latina. Cada año se celebraría el aniversario de esa conquista para recordar que algo así no debería volver a suceder (y de hecho, nunca más sucedió, hasta el saqueo de Atila, en la decadencia del Imperio Romano, casi 700 años más tarde).

Los galos vivían en varios clanes diferentes, cada uno con su jefe militar propio. Podemos citar los Parisii (determinando el nombre de la ciudad de Paris), los Carnutes (que dieron nombre a la ciudad de Chartres), los Turones (dando nombre a la ciudad de Tours), los Namnetas (de la ciudad de Nantes), etc. Entre ellos no siempre había paz. Y es quizás eso lo que facilitó una conquista romana en el año 51 a.C, cuando Julio Cesar venció a la armada gala bajo las órdenes de Vercingetorix en la Batalla de Alesia.

Tenían una religión propia, politeísta, como todos los pueblos celtas. Entre sus dioses podemos citar a Belenos, Grannos o Borvo. Rara vez los representaban artísticamente. De hecho, el arte celta en general nunca fue figurativo. Su relación con los dioses se habría hecho más que nada a través de representaciones abstractas, como el famoso trisquel.

El trisquel era un símbolo cargado de sentido y que podía encontrarse de manera común para varias ocasiones y por distintos motivos. Aun es muy dificil para los arqueologos determinar exactamente su significado. Por ejemplo, algunos proponen que el trisquel representaba los tres principales dioses celtas: Lug, Ogme y Dagda. Para otros, podía hacer referencia al movimiento del sol, de los astros, al ciclo de la vida, a una trilogía de elementos (agua, tierra y fuego) o el movimiento de las ruedas. Lo que sí se puede afirmar es que el trisquel se suele encontrar en todo sitio arqueológico, no solo galo sino en todo territorio celta.

Otro elemento espiritual importante era el árbol de roble, y más particularmente los muérdagos que pueden encontrarse en sus ramas. Los Druidas solían subirse a estos árboles para recuperar estas hojas divinas, conocidas por sus virtudes medicinales, pero seguramente también esotéricas.  Y a qué se debía esta particular veneración? Veamoslo asi:  para nosotros, es una planta “parásita” que llega al árbol a través del viento. Para los Galos, el muérdago llega del cielo y elige un árbol sagrado donde posarse, cubriendo el mismo de sus caracteristicas divinas.  

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EL CELTA MAS FAMOSO, NO TAN CELTA FINALMENTE…

Para conocerlos un poco más, propongo recurrir al Galo más famoso de nuestra cultura popular: Asterix. La historieta franco-belga creada por René Goscinny y Albert Uderzo en 1959 narra la historia de un pueblo celta ficticio en el norte de lo que hoy es Francia, el cual resiste la conquista romana llevada a cabo por Julio Cesar.

Cada vez que abrimos un libro de Asterix podemos ver la viñeta siguiente:


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Si bien la aldea de Asterix probablemente nunca haya existido, las regiones del mapa, si: Aquitania Belgica (¡es Cesar quien le dio el nombre al país!) y Lionesa (que no aparece porque se encuentra donde está el estandarte).

Para ello, los autores recurren a muchísimos clichés, algunos verdaderos, otros no tanto.

MITO 1: LOS CELTAS VIVÍAN DE LA CACERÍA

Asterix contribuyo en gran manera a dar la imagen del celta guerrero y rústico, contrastando con la idea del hombre civilizado encarnado por el hombre romano, pueblo al que enfrentan en la historieta. Para ilustrarlo, Asterix retoma el viejo cliché del celta barbudo o bigotudo de pelo claro, lo cual, según la descripción dejada por varios autores, como Diodoro de Sicilia, es verdad.

Cabeza de una estatua celta representando a uno de ellos. Podemos decir entonces que es así como ellos se percibían.

Asterix también retoma el cliché que dice que los celtas vivían en el bosque y subsistían gracias a la cacería, especialmente de jabalíes.

Este mito está tan arraigado que aún hoy en las escuelas francesas (recordemos, los franceses se determinan descendientes de los Galos) se enseña que estas eran las características de los Galos. Nada está más lejos de la realidad. Los celtas eran grandes cultivadores y vivían de la agricultura. Para ello, no dudaron en deforestar bosques enteros con el fin de poder aprovechar la mayor cantidad de terreno posible.

MITO 2: LOS CELTAS VIVÍAN EN CHOZAS DE PAJA, LOS ROMANOS LES ENSEÑARON A CONSTRUIR CASAS Y EDIFICIOS “DE VERDAD”

Es cierto: los celtas de Galia vivían en pequeños pueblos cercados, mayormente construídos en madera y otros materiales no durables. Estas ciudades se llamaban oppidum y eran fortalezas bien protegidas por grandes palizadas de madera, dignas de pueblos que vivían en guerra. El pueblito de Asterix es en ese sentido muy fiel a lo que los arqueólogos suelen encontrar cuando excavan los antiguos Oppida (plural de Oppidum).

Sin embargo, no es cierto que los romanos les llevaron nuevas tecnologías en materia de construcción. Si tenemos en cuenta que la Galia fue conquistada en el año 50 a.JC, para ese momento la todavía Republica Romana no había comenzado aún a desarrollar construcciones en piedra. Este tipo de construcciones se llevó adelante a partir del primer siglo de nuestra era. Lo que se ve en “Asterix y la Residencia de los Dioses” es entonces un error histórico.

MITO 3: LOS CELTAS CONTRUYERON LOS MENHIRES

He aquí el error más grosero de toda la serie de Asterix. Y cada vez que lo digo, los fanáticos quieren tirarme con uno de ellos por la cabeza: los celtas no construían menhires.


Cuando la arqueología surge hace casi 150 años, este mito estaba ya tan arraigado que va a ser muy difícil olvidarlo. Por siglos y siglos los hombres creyeron que esos grandes bloques de piedra llamados menhires, junto con esas estructuras en forma de “casita” llamadas dolmen, fueron construidos por los celtas. La realidad es que estas estructuras datan del Neolítico, siglos y siglos antes de los Celtas. Sin embargo, – y para dejarles un poco de esperanza a los fanáticos de Asterix – los arqueólogos trabajan hoy en día a determinar si los pueblos que hicieron estos menhires eran proto-celtas, es decir, la cultura “madre” de los celtas.

MITO 4: ABRARACURCIX Y EL ESCUDO ARVERNO

Otro problema cronológico de la serie Asterix, basado también en esos mitos que transcurrieron los siglos por la falta de estudios arqueológicos. Sabemos que los reyes merovingios (primera dinastía de Francia, que data del siglo V de nuestra era) se hacían transportar a través de una plataforma empujada por sus súbditos. Sin embargo, nada hace pensar que lo mismo sucedía con los jefes celtas.


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De esta manera vemos que cuando hablamos de los Celtas no hablamos de un pueblo homogéneo, sino de una cultura compleja de varios pueblos repartidos en un vasto territorio, una cultura que además sobrevivió muchísimos siglos. Lejos de ser una cultura “bárbara” como se impuso por tantos siglos (gracias a que, como vimos, fueron los “civilizados” romanos los que nos contaron todo sobre ellos), los celtas eran pueblos organizados, con sociedades complejas, formas de arte propio y una sabiduría particular que, lamentablemente, hoy no hemos perdido.

Más allá del tiempo y de las conquistas, las raíces de su cultura se mantuvieron vivas durante todo ese tiempo, convirtiéndose en una de las civilizaciones que más curiosidad despertó a lo largo de la historia, creando mitos y fantasías que hoy en día, gracias a la arqueología, podemos afirmar o desestimar.

 

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Anabel Salomone

About

Se dedica a la historia del arte en lo que fue Lugdunum alguna vez…


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